Mascarillas filtrantes y mascarillas quirúrgicas

Cómo protegerse de la inhalación de aerosoles

Mascarillas filtrantes y mascarillas quirúrgicas: diferencias, requisitos y características

En el artículo «Riesgos de la transmisión por aerosoles en la clínica dental y médica» hemos visto qué son los bioaerosoles (un conjunto de partículas invisibles suspendidas en el aire que puede transportar virus, bacterias y esporas) y el riesgo que corren los dentistas en el ejercicio de la profesión odontológica.

Para prevenir y hacer frente a la contaminación por aerosoles presente de forma inevitable en la clínica dental, un elemento clave es el uso de productos barrera tanto para el paciente como para los trabajadores implicados. Utilizados por el paciente y los trabajadores correctamente, estos dispositivos son capaces de proteger contra salpicaduras y exhalaciones visibles a simple vista, y también desempeñan un papel crucial en la prevención de la inhalación, inoculación e ingestión de elementos patógenos contenidos en los bioaerosoles, evitando el contacto de las mucosas con las micropartículas suspendidas en el aire.

Guantes, protecciones oculares y pantallas faciales, pero sobre todo el uso de mascarillas filtrantes y mascarillas quirúrgicas, son la primera barrera fundamental para gestionar el riesgo de contagio y limitar la transmisión y circulación de la COVID-19.

Contagio por coronavirus: Mascarillas filtrantes (respiradores) y mascarillas quirúrgicas

En función de la profesión y del ámbito de uso, los pacientes y los trabajadores sanitarios deben usar un determinado tipo de mascarilla con un nivel de protección específico. Las mascarillas protectoras se dividen en mascarillas quirúrgicas y mascarillas filtrantes (respiradores) y se ajustan a normas y funciones distintas. A su vez, estas normas establecen una distinción en clases, cada una de las cuales corresponde a un determinado nivel de protección.

Las mascarillas quirúrgicas son dispositivos médicos de clase I. Su uso reduce el riesgo de contaminación directa y cruzada por virus y bacterias que pueden causar infecciones a los trabajadores y pacientes y protege contra los productos químicos utilizados durante las intervenciones médicas. Deben sustituirse y cambiarse después de cada paciente.

Para los procedimientos odontológicos que no generan aerosoles y procedimientos con aislamiento de la zona operatoria mediante dique de goma, conviene que el trabajador y el auxiliar utilicen: trajes con gorro cubrecabezas desechable, mascarilla quirúrgica y viseras o gafas de protección.

Las directrices actuales de las principales instituciones médicas sugieren cambiar la mascarilla cada veinte minutos en presencia de altos niveles de bioaerosoles y cada sesenta minutos durante las operaciones comunes.

Las mascarillas filtrantes (respiradores), como las mascarillas FFP2, se incluyen en la categoría de equipos de protección individual (EPI). Son mascarillas específicas diseñadas para reducir el riesgo de que el usuario inhale partículas suspendidas en el aire y se utilizan principalmente en el tratamiento de enfermedades infecciosas. Se utilizan durante todos los tratamientos que conlleven una exposición a bioaerosoles superior a quince minutos o no protegida por otros sistemas de contención (por ejemplo, dique de goma) y en el tratamiento de pacientes infectados que necesiten una intervención urgente.

Requisitos de las mascarillas filtrantes

Las mascarillas filtrantes se prueban en la dirección de la inhalación, es decir, desde el exterior hacia el interior, y las pruebas a las que se someten evalúan la eficacia del filtro y la impermeabilidad de la mascarilla hacia el interior.

Algunas mascarillas filtrantes están equipadas con una válvula de exhalación que mejora la comodidad, evita la condensación y el empañamiento de las gafas. El uso de la mascarilla filtrante FFP2 con válvula solo está permitido si se cubre con una mascarilla quirúrgica.

La norma europea de referencia es la EN 149:2001, según la cual los equipos de protección de las vías respiratorias desechables capaces de filtrar las partículas se dividen en tres clases:

  • FFP1: filtración mínima del 80 % y fuga hacia el interior máxima del 22 %. Estos dispositivos se utilizan principalmente como mascarillas antipolvo (bricolaje y otros trabajos).
  • FFP2: filtración mínima del 94 % y fuga hacia el interior máxima del 8 %. Estos dispositivos se utilizan principalmente en la construcción, la agricultura, la industria farmacéutica y por los trabajadores sanitarios contra los virus de la gripe, el SARS, la peste neumónica, la tuberculosis y la COVID-19.
  • FFP3: filtración mínima del 99 % y fuga hacia el interior inferior al 2 %. Las mascarillas FFP3 son las que ofrecen la mejor eficacia de filtración y también protegen contra partículas muy finas, como las de amianto.

 

Además, en los Estados Unidos, las mascarillas de protección respiratoria deben cumplir los requisitos establecidos por el NIOSH (Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional). Esta normativa establece que las mascarillas se deben clasificar según su grado de resistencia al aceite, representado, según la clase, por la letra N, R o P. Por su parte, el número que sigue a estas letras indica el porcentaje de filtración de las partículas en suspensión.

 

Las mascarillas filtrantes se pueden dividir en:

  • Clase N: sin resistencia al aceite. Son las que se usan comúnmente en el ámbito médico. Dentro de esta clase se diferencia entre mascarillas de tipo N95, N99 y N100.
  • Clase R: resistencia al aceite no superior a ocho horas. Dentro de esta clase se diferencia entre mascarillas de tipo R95, R99 y R100.
  • Clase P: resistencia total al aceite. Dentro de esta clase se diferencia entre mascarillas de tipo P95, P99 y P100.

 

En términos de capacidad de protección, las mascarillas de clase N95 corresponden a las FFP2 y las N99 a las FFP3.

Las mascarillas filtrantes que se usan en el ámbito médico suelen ser las FFP2/FFP3 (N95/N99). Estas mascarillas filtrantes se consideran de un solo uso y no deben esterilizarse a menos que el fabricante lo indique explícitamente. Por lo general, las mascarillas filtrantes pueden utilizarse durante toda una jornada de trabajo y en cualquier caso hasta ocho horas de uso. Sin embargo, en el ámbito médico hay que tener en cuenta que la mascarilla filtrante debe reemplazarse obligatoriamente en las siguientes ocasiones:

 

  • después de su uso durante procedimientos con generación de bioaerosoles;
  • si se contaminan con sangre, secreciones respiratorias o nasales u otros fluidos corporales de los pacientes;

 

Por lo tanto, conviene que el trabajador utilice una visera y cubra la mascarilla con una mascarilla quirúrgica para reducir la contaminación de la superficie. Además, debe realizarse la higiene de manos con agua y jabón o un desinfectante a base de alcohol antes y después de usar la mascarilla o de tocarla o ajustarla.

No es probable que el uso prolongado de la mascarilla filtrante, dentro de los límites establecidos por el fabricante, degrade su funcionalidad. Sin embargo, conviene revisar la mascarilla filtrante cada vez que se coloque o se quite para detectar cualquier daño. Además, conviene tener en cuenta que el uso prolongado puede dificultar la respiración; si resulta demasiado difícil respirar, es necesario reemplazar la mascarilla filtrante.

Requisitos de las mascarillas quirúrgicas según el nivel de intervención

La ASTM International (Sociedad Americana para Pruebas y Materiales) es un organismo internacional de normalización, líder mundial reconocido en el ámbito del desarrollo y la provisión de normas internacionales para la verificación de productos. Para las mascarillas, la ASTM ha establecido una clasificación en tres niveles en función de cuatro parámetros de rendimiento:

 

1. Resistencia a los fluidos

La mascarilla contribuye a reducir la exposición del usuario a salpicaduras de sangre, fluidos corporales y otros materiales potencialmente infectados (OPIM, por sus siglas en inglés). La resistencia a los fluidos es un requisito de rendimiento que define la capacidad de los materiales de la mascarilla para minimizar el paso de fluidos a través de ella y, por lo tanto, la posibilidad de que entren en contacto con el usuario. Las mascarillas se someten a pruebas con sangre sintética, con criterios de éxito/fracaso y a tres velocidades, que corresponden al intervalo de la presión sanguínea en los seres humanos (80, 120, 160 mmHg). Cuanto mayor es la presión soportada, mayor será la resistencia a las salpicaduras de fluidos.

 

2. Eficiencia de filtración bacteriana (porcentaje de BFE) en 3,0 mm

La BFE es una medida porcentual de la eficiencia con la que una mascarilla filtra las bacterias, comparando la carga bacteriana entrante con la concentración de salida. Un porcentaje más alto indica una mayor eficiencia de filtración (por ejemplo, una eficiencia de filtración del 95 % indica que el 95 % de las bacterias aerosolizadas fueron retenidas por la mascarilla, mientras que el 5 % pasó a través del material).

 

3. Eficiencia de filtración de las partículas

Contribuye a reducir la exposición del usuario a partículas biológicas suspendidas en el aire, polvo inorgánico y desechos.

La PFE es una medida porcentual de la eficiencia con la que una mascarilla filtra las partículas que pasan a través de ella, comparando la concentración de partículas entrantes con la concentración de salida.

 

4. Presión diferencial

La presión diferencial (Delta P) establece la fatiga respiratoria cuando se utiliza la mascarilla y mide objetivamente su transpirabilidad. Los valores se expresan en un rango del 1 al 5; cuanto más alto sea el número, más alta será la PFE y la BFE.

Niveles ASTM Niveles EN 14683

Mascarillas, mascarillas filtrantes y pautas para el coronavirus

La actual propagación del coronavirus afectará a la forma en la que se trabaja en los campos de la medicina y la odontología. A fin de limitar la generación de aerosoles durante la práctica odontológica, será necesario aislar la zona operatoria utilizando el dique de goma, que puede reducir considerablemente la producción de aerosoles contaminados por saliva y sangre en los casos en los que se utilicen instrumentos giratorios a alta velocidad (3).

Y es precisamente la generación y el tiempo de exposición a los bioaerosoles lo que debe ser evaluado por los médicos y auxiliares para la selección de la protección personal adecuada.

 

Fuentes

(2) CDC-Interim U.S. Guidance for Risk Assessment and Public Health Management of Healthcare Personnel with potential Exposure in a Healthcare Setting to Patients with Coronavirus Disease (COVID-19)

(3) Xian Peng, XinXu, Yuqing Li, Lei Cheng, Xuedong Zhou y BiaoRen: «Transmission routes of 2019-nCoV and controls in dental practice», International Journal of Oral Science (2020) 12:9.

12/05/2020

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